La Junta Militar de Gobierno creó, mediante el Decreto 165  del 21 de mayo de 1958 , la “Comisión Nacional Investigadora de las causas y situaciones presentes de la violencia en el territorio nacional” (conocida también como “Comisión de Paz” o como “La Investigadora”) con el fin de que llevara a cabo un "estudio directo" de "aquellos departamentos o regiones del país más afectados por el desorden y la delincuencia", que hiciera posible identificar "el conjunto de móviles determinantes de estos fenómenos y su perduración" (Artículo 1). En el Artículo 5 se autorizaba a la Comisión a desplazarse a todos los sitios que juzgara conveniente, a “tener acceso a todas las dependencias oficiales” para conocer de primera mano los informes, “de carácter público, reservado o secreto", "los sumarios y demás expedientes”, con el fin de que  pudiera sustentar “sus opiniones en hechos concretos” y, sobre esa base y el contacto con la población, hiciera propuestas al Gobierno para restablecer la paz y la concordia.[1] La convocatoria se hizo con la anuencia y el respaldo de Alberto Lleras Camargo, quien en ese momento era el Presidente electo para el período 1958-1962.

 

La Comisión, después de algunos forcejeos (nombramientos y renuncias de los postulados[2]),  estuvo compuesta finalmente por tres representantes de los partidos: Otto Morales Benítez (coordinador) y Absalón Fernández de Soto, por el Partido Liberal y Augusto Ramírez Moreno, por el Partido Conservador; dos militares: el Brigadier General Ernesto Caicedo López (Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas) y el General (retirado) Hernando Mora Angueira; y dos sacerdotes: Fabio Martínez  (párroco de Quinchía, Caldas) y Germán Guzmán Campos (párroco de El Líbano, Tolima) quien había adelantado una importante labor en pro de la paz como párroco de Fresno (también en el Tolima) hasta el año anterior,  como investigador sobre las causas de la violencia en el centro y norte de este departamento desde 1951, como Asesor Técnico de la Cooperativa de Agricultores, y para la Gobernación del Tolima.[3] La Investigadora, durante los ocho meses de su funcionamiento, recorrió en su orden los departamentos de Caldas, Valle del Cauca, Cauca, Santander y Tolima y hoy en día la podemos considerar como el antecedente remoto de otras comisiones posteriores de estudio sobre el conflicto.[4]

 

La Comisión no dejó ningún informe escrito, pero llevó a cabo un reconocimiento directo de las localidades y las regiones devastadas por la Violencia y realizó más de 20.000 entrevistas con  autoridades locales, regionales y nacionales, "cabecillas de todas las tendencias", "líderes religiosos y políticos, jefes militares y tropas de base”, exiliados, detenidos, jueces y notarios, entre muchos otros; logró promover 52 pactos de paz donde la violencia seguía vigente; propuso medidas para las zonas afectadas y programas de acción. Pero, sobre todo, llevó a cabo una labor documental consistente en la revisión de archivos de parroquias, notarías, juzgados, inspecciones de policía e informes oficiales de ministros y gobernadores; revisó las pocas series de datos estadísticos existentes en ese momento y documentación cartográfica y fotográfica de las zonas afectadas; recolectó materiales relacionados con los elementos culturales del conflicto (canciones, coplas, afiches, hojas volantes, cartas e, incluso, objetos pertenecientes a los combatientes o a las víctimas) y se tomó el trabajo, igualmente, de revisar las fuentes secundarias sobre La Violencia que habían aparecido hasta el momento, como ensayos, crónicas, cuentos y novelas.[5]

 

Sobre la base del trabajo de la Comisión uno de sus miembros, Germán Guzmán, quien oficiaba de Secretario, construyó, a su cuenta y riesgo, un archivo personal con todo el material que pudo recoger en contacto con la población, tarea  que continuó con los informes de los “equipos de recuperación” de  la “Gran Misión de Paz del Tolima” en 1960, de la cual sería coordinador, y por la cual Monseñor Rubén Isaza, Obispo de Ibagué, propondría su nombre al Papa Juan XIII para recibir el título honorífico de Monseñor por su labor “en pro de la paz y la verdad”.

 

Un grupo de profesores de la recién creada Facultad de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia (Camilo Torres Restrepo, Orlando Fals Borda, Andrew Pearse y Roberto Pineda), conocedores de la existencia de ese archivo, viajaron hasta El Líbano a comienzos de 1961 para proponerle al padre Guzmán, con la colaboración de los profesores de la Universidad, la publicación de un libro que recogiera la información de que disponía. A pesar de la reticencia inicial, pero con la mediación del presidente Lleras Camargo (quien ya le había sugerido publicara su trabajo en visita a El Líbano el 7 enero de 1959) y la autorización de Monseñor Rubén Isaza, Obispo de Ibagué, lograron convencerlo de que participara en dicho proyecto.[6]  

 

Este archivo, organizado y clasificado, como se observa por las citas que aparecen en el texto, es la fuente primordial del libro La Violencia en Colombia. Estudio de un proceso social, de Germán Guzmán Campos, el sociólogo Orlando Fals Borda y el abogado Eduardo Umaña Luna. Su aparición en junio de 1962 suscitó una inmensa polémica de carácter nacional porque revelaba una serie de hechos de violencia frente a los cuales existía un acuerdo tácito de mantener el silencio, en el marco del pacto de alternación y paridad de los partidos Liberal y Conservador para poner fin al enfrentamiento, conocido como Frente Nacional.[7] El libro se convirtió en la fuente privilegiada en la cual se basaron los estudios hasta finales de los años 1970, momento en que se produce una renovación de las investigaciones con la aparición de múltiples monografías regionales y algunos textos de conjunto. Aún hoy en día sigue siendo una referencia insoslayable para los investigadores.

 

Sin embargo, lo que apareció recopilado en el libro es apenas una pequeña parte de la documentación que el autor poseía. Desde su publicación la suerte del archivo fue motivo de toda clase de especulaciones e interrogantes sobre su existencia. Preguntado por su suerte Guzmán, ya retirado de la vida sacerdotal, dice en 1986 que “es mentira que lo haya vendido, cedido o enajenado. Reposa en mi poder guardado con cautela en lugar seguro”.[8]

 

Una vez concluido el trabajo de la Comisión el padre Guzmán -ya nombrado Monseñor en la categoría de "Camarero Secreto del Papa Juan XIII”- continuó enriqueciendo su archivo con nuevos documentos relacionados con aspectos como el bandolerismo de los primeros años del Frente Nacional; la situación de la Iglesia Católica, el papel de Camilo Torres, la teología de la liberación y los "curas rebeldes" de la época; las polémicas que se establecieron sobre el papel de la Iglesia en el conflicto y la radicalización de los curas; la situación social de los años 1960: la invasión de tierras, las migraciones y el desplazamiento de campesinos a la ciudad, las condiciones carcelarias, la acción comunal y la reforma agraria; el desarrollo de los grupos guerrilleros en la primera parte de esta década y los procesos de pacificación; las reacciones a la publicación del libro La Violencia en Colombia; la producción intelectual del propio Germán Guzmán como profesor e investigador de la Universidad Nacional, la Universidad Incca y posteriormente del Colegio de Posgraduados en México (Campus Montecillo, Texcoco), entre otros aspectos.

 

Antes de su muerte, ocurrida en México en 1988, Germán Guzmán tomó medidas para la conservación y difusión responsable del archivo, dada la inmensa importancia que revestía para la comprensión de la violencia en Colombia. En cumplimiento de esta voluntad la Universidad del Valle está llevando a cabo la digitalización y la difusión de los documentos, con el ánimo de que su conocimiento permita renovar de manera decisiva las investigaciones sobre el tema. Con el nuevo auge de la violencia que se presenta desde mediados de los años 1980, el interés por lo sucedido en aquella época pasó a un segundo plano y los investigadores se orientaron más al estudio de lo que ocurre a partir de ese momento. Consideramos, por el contrario, que es fundamental que las ciencias sociales contemporáneas en Colombia asuman el conflicto actual en perspectiva histórica, de mediano y largo plazo, es decir, que se reconstruyan sus nexos con la violencia bipartidista de los años 1950. El planteamiento más correcto frente a este problema es considerar que entre ambos períodos de violencia existen al mismo tiempo continuidades y discontinuidades, que es necesario reconstruir y ponderar. Los nuevos documentos pueden contribuir a la realización de este propósito y renovar las perspectivas de análisis e interpretación.

Registro Periódico El Tiempo

[1] http://www.suin-juriscol.gov.co/clp/contenidos.dll/Decretos/1037043?fn=document-frame.htm$f=templates$3.0 (consultado 1-IX-2018).

[2] El nombramiento de los miembros de la Comisión se llevó mediante el Decreto 0942 del 27 de mayo de 1958, de la Junta Militar de Gobierno.

[3] Para la Gobernación del Tolima Germán Guzmán investigó sobre la violencia en Ibagué (1951) y el norte del Tolima (1953-1954. Más adelante trabajó, manteniendo su condición eclesial, en la Presidencia de la República como asesor de la Oficina de Rehabilitación y, posteriormente, en el Ministerio de Salud como encargado de la División de Organización y participación de la Comunidad y en el Instituto de Administración Social de la ESAP en proyectos piloto de Reforma Agraria y en el propio Instituto de Reforma Agraria -INCORA. Datos tomados del currículum vitae de Germán Guzmán Campos, firmado en Bogotá, noviembre de 1980.

[4] Jaramillo Marín Jefferson. Pasados y presentes de la violencia en Colombia. Estudio sobre las comisiones de investigación (1958-2011), Editorial Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, 2014, pp. 49-90.

[5] Guzmán Campos Germán, Fals Borda Orlando, Umaña Luna Eduardo. La Violencia en Colombia. Estudio de un proceso social (2ª edición), Ediciones Tercer Mundo, Bogotá, septiembre de 1962, pp. 110-112.

[6] Guzmán Campos Germán. ´Reflexión crítica sobre el libro La Violencia en Colombia´, en Sánchez Gonzalo, Peñaranda Ricardo. Pasado y presente de la violencia en Colombia (3ª edición), La Carreta Editores Universidad Nacional de Colombia (IEPRI), Medellín, 2009, pp. 47-59.

[7] El análisis de la reacción suscitada por la publicación del Tomo I de La Violencia en Colombia, redactada por Orlando Fals Borda, se encuentra en la Introducción al Tomo II de la obra, publicado en diciembre de 1963.

[8] Sánchez Gonzalo, Peñaranda Ricardo. Opus cit, p. 50.