¡COMO NOS ATREVIMOS A TANTO!

Memoria fotográfica de la Violencia años 1950
Archivo Germán Guzmán Campos

Universidad del Valle
Centro de Memoria, Paz y Reconciliación
Universidad Javeriana

El Centro de Memoria, paz y reconciliación, la Universidad del Valle y la Universidad Javeriana presentan una muestra del archivo fotográfico que a lo largo de su vida recopiló Germán Guzmán Campos, miembro de la "Comisión nacional investigadora de las causas y situaciones presentes de la violencia en el territorio nacional", creada por la Junta Militar de Gobierno en 1958, para que llevara a cabo un "estudio directo" de las regiones del país afectadas por la Violencia bipartidista de los años 1950.

 La Comisión no dejó un informe escrito pero llevó a cabo un reconocimiento directo de las poblaciones afectadas por el conflicto, realizó más de 20,000 entrevistas

con protagonistas locales, reviso toda clase de archivos documentales y facilitó acuerdos de paz con grupos armados que aún estaban activos. Germán Guzmán Campos, quien oficiaba de Secretario, construyó un archivo personal con todo el material que pudo recoger: informes, cartas, canciones, coplas, hojas volantes, afiches, objetos pertenecientes a los combatientes o a las víctimas, fotos, etc.

 Un grupo de profesores de la recién creada Facultad de Sociología de la Universidad Nacional (Camilo Torres Restrepo y Orlando Fals Borda entre otros,) conocedores de la existencia de este archivo le propusieron la publicación de un libro que recogiera el testimonio de las atrocidades cometidas. En 1962 apareció La violencia en Colombia. Estudio de un proceso social, que suscitó una inmensa polémica de carácter nacional porque revelaba una serie de hechos de violencia frente a los cuales existía el acuerdo tácito de mantener el silencio, en el marco del pacto del Frente Nacional, que se había creado para poner fin al conflicto. Este libro, a pesar de las reticencias que suscitó, se convirtió en las décadas posteriores en la referencia insoslayable para los investigadores que querían dar cuenta de lo sucedido.

 El libro incluyó una colección de 32 fotos que causaron una inmensa conmoción por la crudeza de las imágenes, que ponían de presente los excesos de sevicia y de crueldad que había acompañado el enfrentamiento entre liberales y conservadores, durante más de doce años. Sin embargo, lo que aparecía recopilado en el libro era apenas una pequeña muestra de la documentación gráfica y escrita que el autor poseía. Durante muchos años se especuló con respecto a la suerte de este archivo, después de la muerte de Guzmán en 1988. La Universidad del Valle logró su recuperación y se ha empeñado en un trabajo progresivo de presentación de estos documentos ante la comunidad académica, el público y los investigadores. La muestra que aquí se presenta es apenas una parte de la totalidad del material disponible.

 Las fotos publicadas en el libro se convirtieron en el mejor testimonio del "realismo atroz", presente durante aquella época aciaga en la vida nacional, y componente del "imaginario colectivo" de la Violencia, que pervive en el recuerdo de los colombianos como una "fuerza impersonal y ciega", una "potencia anónima que siembra la destrucción a su paso”. Las fotos que evocan las atrocidades que marcaron la violencia están vivas en todas las memorias y han contribuido a la manera como es percibido este acontecimiento fundador de la historia reciente en Colombia.

 La publicación parcial de este archivo fotográfico coincide con la aparición en julio de este año 2022 de los informes de la "Comisión para el esclarecimiento de la verdad, la convivencia y la no repetición". La comprensión del conflicto que aún afecta a la sociedad colombiana debe hacerse en perspectiva histórica, que vincule lo sucedido actualmente con lo ocurrido en la Violencia bipartidista de los años 1950. A pesar de las diferencias entre ambos períodos existen muchos elementos comunes, sobre todo el crimen atroz y el imaginario de la violencia como un ente colectivo por encima de las voluntades particulares, que arrasa todo lo que encuentra en su camino Una sociedad que ha pasado por un grave conflicto, para poder sobrevivir, tiene que reparar a sus víctimas, identificar responsabilidades y asignar un sentido a lo sucedido. Los encargados de esta exposición queremos contribuir a la construcción de una paz estable y duradera.

 RELATO CURATORIAL
Cuando un país sale de una dictadura, pasa por una grave conmoción interior o por una guerra externa debe resolver tres problemas: la reparación de las víctimas y de los daños, la identificación de las responsabilidades y la elaboración acerca del significado de lo sucedido. Estos tres problemas están en marcha en este momento en Colombia, aun sin que el conflicto haya llegado a su fin, a través de la atención a las víctimas como objetivo prioritario, la Jurisdicción especial para la paz y la Comisión de la verdad.

En 1958, con la inauguración del pacto del Frente Nacional, se puso fin al enfrentamiento entre liberales y conservadores que había asolado al país desde 1946 y procesos similares se pusieron en práctica de manera formal o informal, no necesariamente concluyente: la Comisión investigadora de las causas de la violencia, la Comisión especial de rehabilitación, el juicio a Rojas Pinilla y  la publicación del libro La violencia en Colombia por parte de la Universidad Nacional. Durante las décadas posteriores el país ha ensayado diversas maneras de integrar lo sucedido en aquellos años a la trama de su desarrollo histórico. La exposición pretende contribuir a la elaboración de la memoria de aquella época, cuyas huellas aún siguen vigentes.

 I. Rostros y escenas de la vida campesina. Colombia no es un país violento por naturaleza, como se suele decir. Después de fundada la República hubo 9 guerras civiles y más de 70 conflictos regionales, pero también hubo períodos de paz y tranquilidad. Entre 1902, cuando terminó la Guerra de los Mil días, y 1946, hubo un período violento a comienzos de 1930. Pero durante buena parte de estas décadas los campesinos vivieron en paz y en su vida cotidiana desarrollaban actividades laborales y familiares, hasta que llegó la Violencia y lo perturbó todo. Los rostros de los campesinos y las escenas de la vida cotidiana nos muestran cómo era esa vía en el campo antes de que comenzara el conflicto.
II. Hombres y mujeres se arman. Las disputas entre las élites políticas, que se desencadenaron a partir de 1946 en el Parlamento y en la prensa, tuvieron eco en las culturas campesinas, hasta el punto de que los mismos campesinos se convirtieron en protagonistas activos de los enfrentamientos. Germán Guzmán Campos decía: "no se juega a la guerra con labriegos". En los campos comienzan a formarse grupos de hombres y de mujeres armados para defenderse de la agresión o para agredir a los miembros del partido contrario. Después de 1948, pero sobre todo de 1949, la violencia se generaliza y escapa del control de las élites políticas que la habían promovido. El segundo capítulo de la exposición es un testimonio de la manera como hombres y mujeres se alistan para participar en el conflicto.

III. Los espectros del horror. Las élites políticas que promovieron la Violencia en los años 1950 no se dieron cuenta de la magnitud del conflicto que habían desencadenado entre 1946 y 1949. A comienzos de los años 1950 comienzan a tratar de detener los enfrentamientos, pero éstos se habían salido de sus manos, se habían inscrito en las culturas campesinas y habían aparecido las múltiples formas del horror. Los crímenes no son meramente instrumentales sino expresivos: el despedazamiento del adversario se convirtió en un fin en sí mismo, la prolongación de la muerte en el tiempo, los crímenes sexuales, el asesinato de las mujeres y los niños, son algunas de las formas de la tragedia. Las ciencias sociales en Colombia aún no han logrado descifrar por qué la gente se mataba, con tan altos grados de sevicia y de crueldad, en nombre de dos partidos que no tenían diferencias claras en términos sociales económicos o políticos. El testimonio de este horror es lo que aparece en este tercer capítulo: los crímenes en su más escueta desnudez.

IV. Negociaciones y mediadores. Para detener los enfrentamientos las élites políticas optaron por dos salidas: la primera fue llevar en 1953 a un miembro de las Fuerzas Armadas llamado Gustavo Rojas Pinilla a la Presidencia de la República, teniendo en cuenta que el Ejército en ese momento tenía un ascendiente positivo entre la población. La confianza que significaba llegada al poder de un militar dio lugar a una amnistía y a la entrega de más de 3.500 hombres con sus familias, en diversas regiones. La exposición presenta un testimonio gráfico de lo que fue este primer intento de solución del conflicto en los Llanos Orientales.

La segunda solución al enfrentamiento fue el pacto del Frente Nacional, en el marco del cual se creó la Comisión investigadora de las causas actuales de la violencia y la Comisión especial de rehabilitación, que desarrollaron sus actividades durante los años 1958 y 1959. Curas, civiles y militares hicieron parte de estas comisiones y  colaboraron en la pacificación y en la reparación de los daños. El proceso de rehabilitación que se llevó a cabo en esta época es el antecedente remoto de lo que sucede actualmente en Colombia.

El texto se puede cerrar con una admonición a la construcción de una paz estable y duradera, como se dice ahora.


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